La carta en HTML, nunca un PDF
El PDF era el problema que traía: pesa, no se lee en el móvil, no se puede cambiar sin volver a maquetarlo y Google no lo indexa. Una carta que cambia cada lunes no puede vivir en un archivo que hay que rehacer.
Este negocio es inventado: el nombre, el dominio, los precios y la petición no son de nadie. La web sí: está entera aquí debajo.
Arrastra la barra para ver cómo estaba antes. Los botones de arriba la ponen del tamaño que quieras y se puede navegar por dentro.
Así se mantiene una web nuestra
«Cambiar el menú del día y subir el precio a 19 €»
Su plan lleva 3 cambios grandes al mes —una sección rehecha, una página nueva— y cada uno está hecho en 3 días laborables. Uno como este no es de esos: cambiar un precio, una hora o un texto se hace el mismo día y no gasta cupo.
Por qué está así y no de otra manera
El PDF era el problema que traía: pesa, no se lee en el móvil, no se puede cambiar sin volver a maquetarlo y Google no lo indexa. Una carta que cambia cada lunes no puede vivir en un archivo que hay que rehacer.
Es lo que busca el 80 % de quien entra un martes a las 12:30, y estaba enterrado. Ahora es una sección propia con el número a 72 px, porque la decisión de comer ahí se toma con ese dato y ninguno más.
Un restaurante de 40 cubiertos no necesita un sistema de reservas: necesita que quepa el nombre, la hora y el número de personas. Cada campo de más es una mesa menos.
Escaneamos la tuya y te decimos cuánto tarda en abrir, con qué está hecha y qué lleva ahí sin tocar desde hace años. Un minuto, sin dejarnos el correo y sin hablar con nadie.
Ves el precio exacto antes de pagar nada. Si el día 2 la página de inicio no te convence, te devolvemos lo que pagaste. Y la cuota se corta desde tu panel el mes que quieras.